Cómo me afecto la “experiencia universitaria”

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En el último taller #IamRemarkable que di, conté sobre una experiencia mía en la universidad, bueno, un super resumen, así que reflexioné un poco del tema. Esta experiencia solo se la he contado a personas cercanas a mí, y aún así nunca les dije cómo me sentía y que aún a veces me da miedo sobresalir a causa de esto.

Cuando estaba en la universidad, sacaba buenas notas, enseñaba a mis compañeros y era responsable, por lo que los profesores me tenían más confianza. Y no tenía miedo de hablarle a los profesores, y decirle cuando algo me parecía injusto o preguntar cuando tenía dudas. No recuerdo la primera vez que mis compañeros empezaron a hablar mal de mí o estar en mi contra, pero les voy a contar de las dos veces que me hicieron sentir mal, y sola.

La primera fue cuando un profesor me encargó recolectar todos los trabajos, a pesar que no era la delegada del salón. El profesor, sentía más en confianza con que yo lo hiciera y yo creía que no tenía la culpa de ello. Una de las veces que salí del salón a hacer otras cosas entre clases, uno de mis compañeros reunió al resto para ponerse de acuerdo para no enviarme los trabajos y hacerme quedar mal frente al profesor. Así lo dijeron. Cerca de la mitad del salón, quizá por miedo, no aceptó la propuesta de este compañero, así que me enviaron los trabajos. Un amigo me contó sobre lo que querían hacer, como un chiste. Así que en su momento, no dije ni hice nada. Pero me quedé pensando que quizá sí fue mi culpa por aceptar estar a cargo.

La segunda fue algo peor que solo hablar delante de mis compañeros. Enviaron un mail a todos los de mi salón y otros alumnos de la facultad, hablando mal de mí y de una amiga, diciendo que nos regalaban la nota porque éramos amigas de los profesores. El correo era algo largo, pero ese era el resumen, no merecíamos el puesto que ocupábamos. Mis compañeros no me quisieron decir del mail, faltaba poco para mi cumpleaños. Sin embargo el mail llegó a oídos de los profesores, y directivos de mi facultad, que hablaron con mi salón un día que salí temprano de clases. Un amigo me hizo llegar el correo, porque se le escapó detalles de la reunión y se lo pedí. Al leer el mail, no sabía qué hacer, sólo empecé a llorar, no pude evitarlo. Mi mamá lo notó y me preguntó qué me pasaba, le señalé la computadora para que lo leyera, no tenía fuerza para hablar. Mi mamá, que siempre me dijo que termine la universidad cuando le decía que quería dejarle para estudiar por mi cuenta, en ese momento me preguntó si quería dejar la universidad o hacer un cambio de universidad o de carrera. No sabía qué hacer o qué decir, mi amigo estaba un poco preocupado así que le tuve que decir que estaba bien, pero me daba cólera lo que decían de mí. Pero en aquel entonces, solo pensaba qué hice mal, quizá no debí sacar buenas notas o hablar con los profesores o llamar la atención.

Olvidé comentar que muchas veces yo hablé con los profesores para que les dieran otra oportunidad, porque varios de mis compañeros estaban muy cerca de pasar y yo había visto su esfuerzo. Y uno (o más) de ellos creía todo esto de mí. Quizá por eso me dolió tanto, porque hice cosas para ayudarlos, y aún así algo había hecho mal.

Los días siguientes por suerte teníamos exámenes y podía decir que estaba ocupada haciendo los proyectos o estudiando, y así no tenía que verlos. Pero también se acercaba mi cumpleaños y mis amigos me preguntaban qué haría. Yo no quería nada, ni siquiera quería tener que pensar en eso. Días después, más amigos de otros años se enteraron también de lo que había pasado, y publicaron en los grupos de la facultad en redes sociales, defendiéndome, diciendo que yo me había ganado con esfuerzo el puesto en el que estaba y que ellos sabían lo que valía. Pero el problema es que yo empecé a dejar de pensar así. Por eso es que aún a veces tengo esta duda ¿será que merezco el lugar en el que estoy?

Siempre pensé que tuve mala suerte en tener esos compañeros y me tocó este tipo de situaciones, pero ahora que lo pensé mejor, muchos de mis amigos de otros años también se llevaban bien con los profesores, incluso mejor que yo, pero nunca les pasó lo que me pasó a mí. (Machismo tal vez?) Tuve mucha suerte de tener un grupo de apoyo en ese momento, para ayudarme a olvidar lo que había pasado o al menos a que no duela tanto.

Ahora, gracias a los talleres que he recibido y estoy facilitando, entendí que sí merezco lo que tengo hoy, y en ese momento también lo merecía, porque era fruto de mi esfuerzo y dedicación. Me hubiera gustado tanto haber llevado estos talleres antes y, así, no hubiera sufrido tanto en ese momento.

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